Alemania figura sin duda entre los hábitats propicios a la trufa. Las especies que se encuentran principalmente son la trufa de verano y la de Borgoña, esta última más rara. Un suelo suelto y calcáreo es esencial para su desarrollo — al igual que la presencia de los árboles huésped adecuados: encinas, carpes, tilos, avellanos.

La situación jurídica

En virtud del reglamento federal de protección de especies (BArtSchV), todas las trufas autóctonas están protegidas en Alemania y no pueden recolectarse. Quien busque en el medio natural y se lleve trufas comete una infracción administrativa o, en ciertos casos, un delito.

Quedan exentas de esta regla las trufas procedentes de plantaciones autorizadas: quien cultiva trufas en terreno propio o arrendado puede recolectarlas y comercializarlas. En los últimos veinte años esto ha dado lugar a un movimiento pequeño pero en constante crecimiento — sobre todo en Baden-Wurtemberg, Baviera y Renania-Palatinado.

Dónde crecen

Las poblaciones alemanas se concentran en:

  • Jura de Suabia — suelos calcáreos, veranos suaves, robledales tradicionales.
  • Jura de Franconia y Jura bávaro — condiciones geológicas similares.
  • Colinas de Hesse y del Palatinado — buenas poblaciones de trufa de Borgoña.
  • Áreas calcáreas de Sajonia — trufa de verano y de Borgoña, hallazgos recientes.

Con fines didácticos o científicos

Si desea buscar trufas con fines didácticos o científicos, necesita una autorización administrativa. Para la búsqueda, despliegue un perro adiestrado — las trufas maduras prácticamente nunca son visibles a simple vista, pues crecen bajo tierra.

En primavera y verano la mosca de la trufa (Suillia gigantea) puede a veces dar una pista: vuela a ras de suelo sobre las trufas de verano maduras y deposita allí sus huevos. Aun así, la regla se mantiene: cavar sin autorización es punible.

Quien quiera buscar trufas en Alemania tiene dos vías: emprender una plantación propia — o ir a Suiza.

Una plantación como afición

Una mini-plantación personal es factible: ocho-doce encinas o avellanos micorrizados en una ladera soleada, suelo calcáreo, y una buena dosis de paciencia — la primera cosecha no llega antes de ocho años, a menudo doce-quince. Más detalles en Truficultura.